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martes, 15 de mayo de 2012

las estrellas de la eurocopa

El pensador italiano

 

Transita por el campo con aire de bohemio, con el cincel siempre a mano para esculpir una jugada de gol . Es un artista independiente, el último gran creador de la escuela italiana. Hace años que no sale en el Calcio un jugador con la clase y el talento que atesora Andrea Pirlo, el arquitecto del juego ofensivo de la Azzurra de Prandelli.
Juega y hace jugar a sus compañeros moviendo el balón con elegancia, como si el centro del campo fuera la pasarela de moda de Milan. Su trabajo es inventar donde otros sólo pueden destruir, dibujar con su paleta un pasadizo secreto hacia la portería. Es el mejor amigo de los delanteros italianos, uno de esos jugadores que disfruta más dando una asistencia que marcando un tanto. Excepto si es de libre directo, una de sus especialidades.
A sus 32 años, acumula sabiduría en sus botas tras pasar por los tres grandes de Italia (Inter, Milan y Juventus). En algún momento de su carrera ha estado bajo sospecha. Es un peaje habitual que tienen que pagar los genios, a veces incomprendidos pero eternamente recordados. Tanta clase como la de Pirlo no es fácil de olvidar.

Una mente maravillosa

"Todo se paró y sólo estábamos el balón y yo. Como cuando ves una imagen a cámara lenta. Para mi fue así. Es difícil escuchar el silencio, pero en ese momento escuche el silencio y sabía que ese balón iba dentro". Así recuerda Andrés Iniesta su tanto ante Holanda en la final del Mundial 2010, el gol que terminó de convertir en leyenda a un jugador excepcional capaz de levantar de la silla a sus rivales.
El futbolista manchego regula en su cerebro los conceptos de espacio y tiempo antes de mover las botas, siempre con criterio. El pase adecuado en el momento preciso está al alcance de mentes privilegiadas como la suya, que imaginan un segundo antes que el resto lo que va a suceder después. Cuando ejecuta su idea ya es demasiado tarde para las defensas rivales.
Iniesta es un especialista en el transporte urgente en las proximidades del área. Sabe entregar el envío en las mejores condiciones, al pie o al hueco, en el menor tiempo posible y al destinatario correcto. Y todo sin ensuciarse. A su talento en el pase hay que sumarle un olfato goleador nada desdeñable. Se desliza por la hierba del área como una serpiente, camuflado a la espera del balón para inocular su veneno en las redes. Siempre escuchando el silencio antes de provocar que todas las gargantas se quiebren por su culpa.




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